DILATACIÓN DEL ESPACIO


Cierta vez explicando sobre la relatividad y de cómo la visión de la teoría del universo bipolar observa los mismos fenómenos bajo otra óptica, se planteó el ejemplo de lo que sucedería si pusiéramos a alguien a competir en una bicicleta contra otra persona montada en una nave que alcance velocidad relativista. Supongamos que la competencia se inicia en la ciudad de Medellín y termina en la ciudad de Ciénaga – Magd. Colombia. El ganador se hace merecedor de un premio correspondiente a un porcentaje de las apuestas. La pregunta es: ¿Quién llegará primero? ¿A quién le apostaría usted?

La pregunta en sí parece estúpida, sin embargo explica los misterios de la teoría de la relatividad y le da apoyo a la teoría del universo bipolar.
Según la relatividad no hay duda de que, y hasta sobra decirlo, que la nave a velocidad relativista tardaría casi nada en alcanzar el templete de Ciénaga mientras que el de la bicicleta tardaría varios días. Sabemos de la imposibilidad de construir una nave que alcance una velocidad cercana a la de la luz, pues se enfrentarían serios problemas técnicos difíciles de resolver, pero de lo que no queda duda es que dentro del recóndito deseo de los científicos está que algún día se logre. Abordaremos esta ficción suponiendo que se hizo realidad que se logró construir una nave capaz de acelerar a velocidad relativista casi instantáneamente y que por algún mecanismo no conocido de la ciencia actual, el viajero que se encuentre en su interior resulte protegido de la inmensa gravedad a que se ve sometido.

Los teóricos que desean que tales viajes sean realizados nos han contado más de una vez que pasaría con dos gemelos. Uno de los cuales realiza un viaje a velocidad relativista yéndose a las profundidades del espacio y regresase a casa luego de un año de viaje. Encontraría con que a su hermano le ha transcurrido el tiempo de manera diferente y que se encuentra mucho más viejo que el gemelo que se fue de viaje y que ahora regresa. La pregunta tal vez incómoda es ¿Para qué invertir en una nave que se vuelve más lenta que una tortuga cuando se alcanzan velocidades relativistas? Veamos porqué la anterior pregunta y miremos si es absurda o no.

El ciclista después de varios días llegaría al templete de Ciénaga y en medio de camarógrafos y una gran fiesta sería galardonado con la recompensa por haber ganado pues, el viajero relativista no se ha aparecido por allí. Todos se acomodan en sus sillas, beben, hay jolgorio y algarabía, pero el viajero relativista no aparece. Llega el atardecer y luego cae la noche, todos se retiran y se preguntan qué habría pasado, se especula que posiblemente se accidentó, otros dicen que iba tan rápido que se pasó y nadie se percató, por tanto que se encuentra a miles de kilómetros de la Tierra tratando de tomar el camino de regreso. Dicen que se fue para otra dimensión. Ya no saben que decir. Al día siguiente salen brigadas de rescate a buscarlo en el trayecto, pero todo esfuerzo es infructuoso. Luego de tres días declaran al viajero como desaparecido. Pasan los días, pasan los años y el ciclista durante toda su vida continúa yendo al templete de Ciénaga por lo menos una vez a la semana a preguntar por su amigo, pero la respuesta siempre es la misma. No se sabe nada de él. Hasta que en el lecho de muerte el ciclista pregunta por última vez si ya su amigo apareció y la respuesta es igual. —No, no ha llegado, descansa, que ya pronto sabrás—

Siguen pasando los años y de aquella competencia solamente queda un vago recuerdo, fue casi echada al olvido. Los viejos hablan de la competencia, pero las nuevas generaciones piensan que tal evento no haya sido real y empieza a confundirse con la fantasía. Después de algunos años más, repentinamente una nave a velocidad inverosímil pasa rasante sobre Ciénaga en donde aún se encuentra el templete que ha sufrido una restauración y se ve muy bonito. La nave hace un giro casi llegando al aeropuerto de Santa Marta para luego detenerse y lentamente descender sobre el parque. Todos quedan estupefactos, los carros se detienen para ver el espectáculo. Los transeúntes y miles de chicos, la mayoría morenitos como el carbón corren unos alegres, otros asustados a mirar cómo la nave por fin se detiene. Luego de angustiosos segundos se abre la puerta y sale un personaje.
Todos aterrorizados esperaban que saliera un extraterrestre, un ser con orejas grandes cuerpo verde, enanito, ojos grandes, pero no. Sale un humano común y corriente, se baja, se quita su escafandra y se dirige al público con los brazos abiertos. Con una sonrisa en los labios dice: ¡He ganado! Todos se quedan en silencio, en esos momentos llega la policía y apunta al pecho del pobre viajero – ¡Quédese donde está! ¡No de un paso más! El viajero palidece ante la amenaza. ¿Qué sucede? He ganado la competencia. El policía espeta ¡¿Qué competencia?! Un viejito interviene –No se preocupe señor policía, yo sé de qué se trata– y cuenta la historia de la competencia de la que ya nadie creía.

El policía baja el arma sin entender mucho pero en fin ve que el joven viajero no reviste ningún peligro y se lo lleva para la comandancia. Ordena llevarse la nave a los patios hasta tanto no se aclare el asunto. El viajero parece tan joven como cuando salió ¿Qué sucedió? La relatividad nos dice que a velocidades cercanas a la de la luz el tiempo transcurre más lentamente. Es una paradoja que el viajero de la nave relativista haya llegado tanto tiempo después y tan joven, sin embargo la real paradoja consiste en que siendo tan evidente que el viajero de la nave llega retardado y que tuvo que haber viajado por un espacio mayor, no se considere en ningún momento la dilatación del espacio para explicar tal fenómeno. El ciclista ganó fácilmente la apuesta y esperó por la llegada de su amigo toda la vida, murió. Luego de varios años el viajero por fin llega. Piensa que ha ganado la carrera, aunque más tarde de lo que cualquiera imaginase.

La verdad es que ninguna nave viajando en el espacio de la manera como se nos muestra en esta pequeña historia podría ganarle a nadie. Si el piloto de la nave no se hubiera impulsado a velocidad relativista, habría ganado la carrera fácilmente. Si se hubiera impulsado a la velocidad de cualquier vehículo común e inclusive con la velocidad de cualquier jet supersónico hubiera ganado, que al fin y al cabo esas velocidades son insignificantes comparadas con la velocidad de la luz.

Según la teoría del universo bipolar cualquier objeto o partícula que viaje a velocidades cercanas a las de la luz sufre el fenómeno de la dilatación del espacio producto de la transformación de su materia en espacio. A velocidades corrientes dicho fenómeno es indetectable, pero no inexistente.

En la paradoja de los gemelos, cuando el gemelo regresa de su viaje relativista encuentra que su hermano está viejo. Evidentemente el hermano que anduvo por el mundo a velocidades corrientes no sufrió el fenómeno de la dilatación del espacio y por tanto no hubo ningún retraso en su camino.

La dilatación del espacio afecta a la nave, a la estructura molecular de la nave, a la estructura molecular del individuo, las partículas atómicas y subatómicas giran en órbitas más amplias, describiendo una trayectoria mucho mayor que cuando se viaja a velocidades corrientes. Pero al finalizar su órbita lo hace con un atraso de igual manera de como lo hace el planeta Mercurio alrededor del Sol que llega retrasado con respecto a los otros planetas y termina su órbita más allá de donde la comenzó.

Se deduce entonces que el viaje con en el espacio dilatado afecte el tiempo. No solamente la nave llega retrasada sino todas las partículas internas de la materia. Los átomos del individuo, se dilatan y retrasan en su transcurrir, retrasando por ende la edad del individuo también. De ahí que a este fenómeno se le llame dilatación del tiempo en la teoría de la relatividad.

Lo mismo podríamos decir de los muones que se forman en las capas superiores de la atmósfera pero no es el momento de tratar este tema. Conocer la teoría de la relatividad nos da la mala noticia que luego de invertir toneladas de dinero en una nave súper veloz finalmente te das cuenta que has construido la nave más lenta jamás conocida. Trataremos de dilucidar este misterio.

Debe haber un punto en el que la nave que se va acelerando comienza a retroceder en comparación con alguna otra nave de velocidades corrientes. A ese punto de inflexión lo llamaremos punto cuántico-relativo, porque es el punto cerca o lejos del cual se observarán fenómenos cuánticos o fenómenos relativistas. Lejos del punto cuántico-relativo observaremos que nos movemos de la forma natural como lo hacemos.

A bajas velocidades la incidencia de la transformación de la materia en espacio es mínima, casi despreciable y no se nota. Según estemos cerca o lejos del punto cuántico-relativo pasarán cosas:

Si vemos los objetos del macrocosmos observaremos todos los fenómenos conocidos de la relatividad, como la desviación de la luz al pasar cerca de grandes masas gravitacionales, lentes gravitacionales, precesión del perihelio de la órbita de Mercurio, etc.

Si observamos el microcosmos en donde los objetos o partículas son capaces de alcanzar grandes velocidades, la dilatación del espacio explica fácilmente los fenómenos que se dan lugar en la física cuántica como por ejemplo la radiación de cuerpo negro con su catástrofe ultravioleta.